La única mujer que estuvo pendiente de mí durante toda mi vida... Mi segunda madre.
La llamaba con cariño "Nina", aun cuando nunca fue mi madrina. De niños siempre fue nuestra tía favorita, quien a todos lados nos llevaba de paseo y quien con todos nosotros jugaba.
Cuando mi madre falleció en el fatal accidente automovilístico, ella estuvo cuidando de nosotros día y noche tanto en el hospital como en la casa una vez nos dieron de alta.
Cuando nos fuimos a vivir lejos, muy lejos... ¿Quién sería tan valiente como para ir a rescatarnos? Sólo ella. En cada período vacacional ella hizo hasta lo imposible por estar junto a nosotros siempre procurando que nuestra infancia fuese lo menos tormentosa posible...
Mi nina... Mi tía... Mi segunda madre. Ella quien siempre estuvo cuidando de todos nosotros y de mis abuelos hasta el día en que también ellos se fueron.
El teléfono sonaba repentinamente y decíamos uno al otro: ¡Es mi nina! Siempre llamando preguntando si todo estaba bien y si algo nos faltaba.
Siempre estuvo pendiente de mí, visitándome periódicamente, siempre procurando que yo me encontrara con bien y sin necesidades insatisfechas.
Hoy ella ya no está con nosotros, ya no más llamará al teléfono para saber cómo estamos.
Río al recordar los buenos momentos que pasamos juntos, y por las noches me estremezco y tiemblo ante la idea de que ya no más podré estar con ella.
A pesar de nuestras diferencias de opinión ella siempre mostró empatía hacia nosotros. Mi nina, para quien el tiempo nunca pasó y nada cambió. Ella siempre fue igual, su opinión nunca cambió.
Siempre la quisimos igual, y esta dedicatoria es para ella donde expongo la importancia que tuvo para mí.